Cierto es que la paleta cultural española no se compone únicamente de flamenco. Pero sin este arte sería muy difícil entender la riqueza de nuestras manifestaciones artísticas. Un género donde confluyen naturalmente tradición y modernidad, unidas por el afán de trascender de una cultura que hace de la diversidad y la inquietud sus señas de identidad más auténticas.
En este contexto, Cumbre Flamenca cumple este año su tercera edición convertido en el festival de referencia para crítica y público en su género. La versatilidad de este ciclo ha permitido llevarlo de forma gratuita a las estaciones del Metro de Madrid, gracias al patrocinio y el apoyo absoluto tanto de la Comunidad de Madrid como de su Consejería de Transportes e Infraestructuras, así como por supuesto del Metro de Madrid.
La respuesta del público (15.000 asistentes en 2005 y 20.000 en 2006) ha sido decisiva para continuar con más ganas que nunca con esta tercera Cumbre Flamenca. Un ciclo que se sostiene por una programación plural y abierta, que lo acerca a un mayor número de personas, y que a su vez permite adaptarlo a otros espacios de vanguardia.
En sus escenarios se toca, se canta, se baila el flamenco. Vivencias que hemos experimentado gracias a artistas como El Lebrijano, Niña Pastori, Enrique de Melchor, Falete, Tomatito, Aurora Vargas, Antonio Carmona o José Mercé, entre otros grandes nombres que han pasado y pasarán por las distintas ediciones de Cumbre Flamenca.
Se trata, en definitiva, de una propuesta vanguardista que busca llevar el flamenco a las palmas y los corazones de quienes, buscando la emoción sin ambigüedades, encuentran en él una puerta abierta al sentimiento. Al sentimiento en estado puro.